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Cuidar un perro senior es una lección de vida

La edad de nuestros perros es un tema que las personas eligen con frecuencia para conversar tratando de equiparar la edad humana con la perruna. Existen diferentes teorías sobre la comparación de la edad de un perro con respecto a las personas pero lo que está bastante claro es cuándo un perro pasa a convertirse en senior y hemos de empezar a tenerlo en cuenta.

Los perros envejecen de manera diferente dependiendo de su raza, tamaño, genética y estilo de vida. Por norma general, los perros más grandes tienden a envejecer más rápido que los pequeños y este es un factor que los propietarios han de conocer porque en la mayoría de los casos ocurre antes de lo que nos gustaría.

Aproximadamente hacia los 7-9 años correspondería con razas medianas/grandes y hacia los 9-11 años la de los perros más pequeños que también alcanzan edades más longevas. Estas edades no quieren decir nada más que al igual que las personas envejecen, los perros también y por ello es posible que veamos que nuestro fiel compañero se canse un poco antes, le cueste más levantarse e incorporarse, camine más lentamente, evite saltar esa altura como hacía siempre, aparezcan canas en hocico y cejas … y otras que iremos descubriendo en nuestro día a día.

El ejercicio es muy importante y sus paseos a un ritmo moderado son claves para su salud física pero también para la salud mental. Tenemos que ir adaptándonos progresivamente a sus cambios y es posible que tengamos que tener un poco más de paciencia porque a medida que va envejeciendo también puede ir perdiendo audición, vista, olfato, pueden aparecer problemas en la piel, pelaje, dentadura, cognición … pero nada diferente al proceso de envejecimiento que puede tener cualquier persona.

Conviene saber todo esto porque si entendemos cómo envejecerá, establecemos los controles veterinarios adecuados, cuidamos su alimentación y tenemos un poco más de paciencia, estaremos ayudando a nuestro perro a envejecer con normalidad y naturalidad.

Si además compartimos todo con nuestr@s hij@s, viviendo los cambios y entendiéndolo como una fase más que también nos toca vivir con nuestro fiel compañero peludo que tanto nos ha dado y va a seguir dando, es muy probable que el mensaje que de ahí podamos sacar y muy especialmente nuestr@s hij@s puedan sacar, se convierta en una inmejorable lección de vida ligada al envejecimiento.

 

Gracias Chiemsee2016 (Pixabay) por la imagen

 

Niñ@s y perros: Trabajando los valores

Cuando una persona habla de su perro como un integrante más de su familia es posible que haga que otras personas no la comprendan porque no entienden cómo esa persona que hasta hace poco “era normal”, ahora realiza esas afirmaciones tan “sospechosas”.

Lo que nos cuentan los estudios es que entre otros factores, el de la estimulación de la oxitocina aumentando la sensación de bienestar y felicidad es una de las razones del vínculo con nuestros perros. Estudios de la Universidad de Azabu de Sagamihara en Japón y de la Universidad de Emory en Atlanta (EEUU) han demostrado que cuando un perro y su dueño se miran a los ojos ambos reciben una descarga de oxitocina que refuerza el vínculo afectivo entre ambos.

Cuando una familia decide incorporar como un miembro más un perro en sus vidas en una decisión que siempre debería ser meditada y bien asesorada, está incorporando un ser vivo que hará que los niños adquieran múltiples beneficios en diferentes áreas de su salud y educación.

Otro estudio de la Universidad de Alberta (Canadá), afirma que los niños que viven con mascotas desde pequeños tienen niveles más altos de dos tipos de microbios que se asocian con un menor riesgo de alergias y obesidad.

Pero si hacemos que además del contacto, los niños formen progresivamente parte de la responsabilidad del cuidado del perro, estaremos facilitando el desarrollo de habilidades sociales y educativas a través de ese nuevo compañero de juegos y confidencias.

La tenencia de un perro al igual que la de cualquier otro animal, es un compromiso que adquirimos y el niño ha de ser consciente que ese compromiso, esa responsabilidad ha de ser para toda la vida del perro porque es un ser vivo. Y así sin darnos cuenta trabajaremos aspectos físicos, emocionales, cognitivos y sociales que implicarán consecuentemente mejoras en responsabilidad, empatía, autoestima, paciencia, respeto, amistad, seguridad, solidaridad, trabajo en equipo, amor, perdón y a vivir cada momento como si fuese el último.

Si tenemos dudas no tengamos un perro ni ninguna mascota pero si estamos seguros y lo hacemos bien, un perro puede aportar mucho más de lo creemos en las vidas de nuestros niñ@s.

Gracias llipkind (Pixabay) por la imagen